Artesanía dolorense

La talavera,

Motor de Dolores Hidalgo, Guanajuato.

 

Pocas ciudades del país pueden decir que viven completamente de la artesanía. En Dolores Hidalgo, Guanajuato, encontrarás calles repletas de todo tipo de objetos cerámicos. ¡Te sorprenderán!

El oficio

Además de ser cuna de la Independencia, Dolores Hidalgo es una población fantástica donde innumerables alfareros y ceramistas han hecho de la cerámica de talavera su forma de vida al trabajarla en diversas formas (algunas caprichosas) y tonos multicolores que engalanan al México popular país con un hondo espíritu folclórico.

 

Precios y diseños para todos los gustos pueden encontrarse a montones si se tiene el tiempo de recorrer el mercado de artesanías o las grandes bodegas y almacenes que suelen llevar como marca de su artesanía el apellido de los propietarios. Desde la entrada, la ciudad es un mosaico donde la vista se pierde entre los colores de jarrones, aguamaniles, macetones, vajillas, candelabros, platones, fruteros y demás objetos de cocina y adorno que pueblan el paisaje.  Los irrepetibles diseños son también muestra de la capacidad de las mágicas manos de los ceramistas que han cuidado transmitir el oficio de generación en generación.

 

A diferencia de otras regiones del país, donde no es valorado el trabajo del artesano y se le paga mal, en Dolores Hidalgo es bien remunerada esta labor. Fabricar la talavera  es rentable, es un proceso muy noble y que gusta mucho a la gente.  La materia prima se extrae de los yacimientos de barro y arcillas que rodean la ciudad, lo que abarata costos, pero los esmaltes y colores para la decoración se traen de la Ciudad de México o de Monterrey.

 

La elaboración

Cada pieza lleva un proceso de elaboración de entre 12 y 15 días. El barro al llegar a la fábrica es introducido en bruto en unos molinos de bola, y se le agrega pasta cerámica que da más resistencia al material. Luego de unas 16 o 18 horas, el barro sale en forma líquida y se cuela por unas estructuras de mallas metálicas para quitarle grumos e impurezas. Posteriormente se procede al “vaciado”, es decir, se coloca el barro líquido en moldes de yeso según la pieza, y en donde el molde absorbe la humedad haciendo que la pieza ensanche hasta tomar el grosor necesario para sacarse y poder ser manejada. La duración de este proceso depende del tamaño y del tipo de pieza que se trate.

 

Cuando las piezas se han secado totalmente y se han sacado del molde, cada una es revisada y se “lijan” los bordes y aristas en lo que se llama el precortado. A continuación, con una esponja humedecida en agua se pule la pieza manualmente para quitarle las impurezas y tapar porosidades. Después se introduce en un horno de gas donde se quema durante seis horas a una temperatura de 850ºC, en promedio.  Al salir, las piezas se seleccionan y por inmersión manual se realiza el vidriado o esmaltado, en cuya capa se pintarán las figuras. Esto constituye el proceso de decoración y es donde el artesano utiliza toda su creatividad. Los diversos colores se aplican con pinceles especiales, y al término de la decoración se pasa a la última quema (el cargado) a más de mil grados centígrados, lo que hace que los colores cambien de tono y se fijen al material.

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